¿LA VERDADERA HISTORIA DEL PERRO DE AGUAS ESPAÑOL?
Os presento dos importantes texto que aporta un
poco de luz sobre la historia del perro de aguas español .La teoría más
respetada hasta el momento, nos indica que fue introducida en
Europa durante la Invasión Islámica de la Península Ibérica iniciada en el año 711 .Según estos textos el perro de aguas español es
originario de la península ibérica, norte de África e islas canarias y todas
las razas de perros de aguas son descendientes de un antiquísimo perro de aguas
gigante. Creo que hay que tener muy en cuenta estos textos y quizá es momento
de cambiar la historia del perro de aguas español y su exclusivo origen
Turco-Andaluz ya que es muy probable que su presencia en el norte de la península
fuese tan representativa como lo fue en Andalucía.
Retrocediendo unos 30 millones de años, durante el período
Oligoceno, apareció en nuestro planeta la primera criatura con apariencia de
perro, el Pseudocynodictis, un animal probablemente antecesor de los cánidos y
mustélidos, y que se caracterizaba por tener un largo hocico: los perros de
agua español tienen un hocico alargado, cráneo dolicocéfalo, de apariencia
rústica, porte noble al andar...
Hace unos ocho millones de años, en China, junto a homínidos
(simios semejantes a hombres) han aparecido cánidos enterrados, en el mismo
substrato, y tan próximos unos de otros; lo que evidencia una relación directa
y de entendimiento o amistad, entre ambas especies... Y hace unos 15.000 años
el perro convivía ya con nosotros de manera familiar.
El origen del perro de aguas español para unos estudiosos,
sin pruebas sólidas, es "turco" y vino con los árabes a partir del
año 711. Las recientes investigaciones ya circundan la verdad: este perro es
autóctono de la Península Ibérica, norte de África...y de Canarias. Los
hebreos, herederos de los fenicios, utilizan la palabra perro con el
significado de "todo corazón" Esta definición es la que mejor
describe al perro de agua español. Estos gráciles y únicos perros del mundo son
verdaderas antiguallas del tiempo pretérito.
En la Península Ibérica había, desde siempre, perros y en
concreto vivía el alegre perro de aguas -en Asturias y Cantabria lo llaman
"perro de lana"; en el Sur de España, como "ovejero", en el
País Vasco como "Txo", en Andalucía como Turco y en Extremadura,
"Churro" o "churrino". Y en casi todos los sitios se les
reconocía como Perros de agua. La forma del rizo acaracolado del pelo nos habla
de un perro antiquísimo y así mismo los caracteres marcadamente femeninos y
masculinos del perro de agua (dimorfismo sexual) y otras características
morfológicas y físicas confirman que estamos ante un perro arcaico y ancestral.
El perro original de aguas era de un volumen dos ó tres
veces el actual; pero con ocasión de la último periodo glaciar (Würn), entre
9.000 y 15.000 años este canido disminuyó su tamaño por adaptación al medio
(frío, escasez de alimentos, domesticación y selección humana) De este cambio
de tamaño son pruebas las distintas tallas de altura, dentro de su actual
tamaño como mediano (pudiendo por tanto encontrar hembras tan grandes como
algunos machos)
En la Península ibérica, el gran perro de aguas habitó toda
la península; pero infundió tal temor que los antiguos pobladores de Hispania, que
acabaron con él. Para ello, se sirvieron de la planta conocida por Adelfa; ya
que basta una poca cantidad de esta planta en el agua o en la comida para
provocar el decaimiento y/o la muerte de este cánido gigante, padre de todos
los perros de aguas y de otra planta llamada Acónito, que mezclaban con carne.
El temor ancestral a tales perros gigantes quedó en el subconsciente de todos
los españoles, quienes procuran tener, sin saber el motivo, hoy en día, la
planta de la Adelfa en sus jardines...
El perro original, permaneció en las Islas Canarias, y según
relatos de los guanches su tamaño sería el similar al de un caballo, donde los
antiguos isleños canarios relatan su gran miedo a unos perros grandes, de pelo
largo, que vivían en cuevas, próximos a la lagunas pantanosas, de donde bebían
agua. Plinio, en el siglo I d.c., escribe que una expedición enviada por el rey
Juba de Mauritania (siglo I a.c.) hacia las islas, regresó con dos enormes
perros "proximam ei Canariam vocari a multitudine canum ingentis
magnitudinis" y de los que se deriva el nombre del archipiélago. En
guanche "lana" se dice Iru y "perro" se dice Ene. Entre las
divinidades de los guanches, destaca un dios en forma de perro lanudo llamado
Iruene (o Tibisena o Guayota), que se identifica con el diablo y al que dedicaban
exvotos e ídolos adoraticios; no sin razón, Goethe, hace aparecer en la obra de
Fausto en forma de perro de agua al diablo.
Los Tibicenas, eran espíritus
demoníacos con formas de perros lanudos que a veces los guanches relatan
que
salían del mar. Los aborígenes también creían en seres maléficos y en fuerzas
negativas que se manifestaban en este perro lanudo que atacaba a la gente o a
sus animales y que solía aparecer de noche o de día, de improviso. Para evitar
este temor y como adoración, les ofrecían ofrendas de comida y miel, en las
grietas elevadas del suelo, donde vivían estos cánidos altivos. En especial,
les llevaban ovejas/cabras llamadas aras (con el tiempo "ara"
significó altar de sacrificio en un alto, donde se inmolaban corderos y
cabras); más tarde de este antiquísimo ritual el mundo cristiano cogió la
imagen del cordero de Dios como la de Jesús Sacrificado. Estos perros solían
cazar de noche y por eso eran muy astutos cazadores y no se descubría su
presencia pues los ojos no titilaban o refulgían debido a que estaban ocultos
por los pelos de la frente. EL pelo largo, rizado, y prieto les protegía del
frío de la noche y de las picaduras de mosquitos y otros insectos molestos.
El cronista Pedro Gómez Escudero relata lo siguiente: "
...Muchas y frecuentes veces se les aparecía el demonio en forma de perro muy
grande y lanudo de noche y de día y en otras varias formas que llaman Tibicenas..."
Según su relato, durante la "conquista" al sucumbir grandes
cantidades de guanches por un enfermedad misteriosa llamada "modorra",
los perros-dioses-lanudos al no recibir sus dones de ofrendas se comieron los
cadáveres que hallaban y tanto se aficionaron a la carne humana que pasaron a
atacar a los vivos y así el cronista nos habla que "como los naturales se
descuidaban de darles de comer, hallando carniza de cuerpos muertos, tanto se
encarnizaron en ellos, que acometían a los vivos y los atacaban, y así tenían
por remedio de su desventura los naturales dormir sobre los árboles cuando
caminaban, por miedo de los perros"
Los síntomas de la "modorra" responderían a la
enfermedad del carbunco (bacteria del Antrax) que afecta a ganado lanar,
caprino, ovino y equino, cuya sintomatología es idéntica a la descripción
histórica de la Modorra... Pero como la "modorra" no afectó a los españoles,
he llegado a la conclusión que los españoles envenenaron los pozos con una
planta común en la riberas de las islas llamada Adelfa. Esta planta en las
islas se conoce como tabaiba, parida o torda o tabaiba amarga, también llamada
salvaje, mora o higuerilla, especie frecuente en los pedregales del
Archipiélago. Discórides comenta lo siguiente respecto a la adelfa: "Sus
hojas y sus flores son veneno mortífero de los perros, de los asnos, de los
mulos y de muchos animales cuadrúpedes. Empero bebidas con vino, son remedio a
los hombres contra las mordeduras de fieras; principalmente si se mezcla con
ellas ruda. Los animalejos flacos, cuales son las cabras y las ovejas, en
bebiendo tan solamente el agua de su infusión, mueren." Al morir las
ovejas y cabras, que bebieron de esas aguas y al caer enfermos los guanches por
ese agua; las ofrendas a los grandes perros de lanas se dejaron de hacer. Éstos
altivos canidos acuciados por el hambre empezaron a comer carne de cadáveres y
luego atacaron a los hombres vivos. No sin razón, el cronista habla de que de
pronto tuvieron que subirse a los árboles para evitar ser comidos. Muchos
perros salvajes al beber de estas aguas contaminadas murieron. A los españoles
no les causó la muerte esta "modorra" por dos motivos: sabían que
pozos estaban envenados y contaban con el antídoto (vino o vinagre con sal y
ruda) Otros perros "Iruenes" murieron envenados con carne en las que
iba oculto raíces negras de Acónito o Matalobos azul (Aconitum napellus
vulgare) y hojas de dicha planta, y que al ser comidas provocaron la muerte
súbita de los canes salvajes; ya que basta una mínima dosis del principio
activo que contiene, la "aconitina", para provocar la muerte, por
ejemplo, de una persona en apenas una hora; esta planta se usó siempre para
matar a los lobos y perros salvajes en España.
Las hojas de la adelfa, en forma de decocción, podría matar
a un caballo, oveja o animal que lo bebiera y por supuesto a una persona. Así
en una poesía del siglo de oro español de Alonso López Pinciano: Filosofía
antigua poética XIII, 1595- Epístola trece y última , se lee;
"...No mortíferos hongos, ni otros tales,
No el phárico cruel y adelfa amarga
que imita a los laureles y rosales"
Los españoles sabían de las propiedades tóxicas y letales de
esta planta, tal es así que cuando la invasión francesa, tropas galas que se
dirigían a Sevilla cayeron envenenadas y muertas por una copiosa comida de
conejos y aves, que habían sido preparadas con adelfas.
En la obra "Historia de las siete islas de Canarias",
de Tomás Marín y Cubas, se dice que "...llaman tibicinas a las apariencias
del demonio que muchas veces y frecuentes veces de día y de noche en forma de
perros grandes lanudos..."
En la isla de la Palma a estos perros se les llamaba Yrune
(Iruene). El Teide, con grandes cavidades y cuevas eran entradas al infierno
donde vivía desterrado este dios del mal. Los griegos por referencias de las
islas canarias y en su mitología también hablaron de unas ovejas devoradoras de
hombres, que no eran sino estos perros lanudos blancos o negros enteros.
También, existe una leyenda que relata que unos perros
llamados Verdines fueron azuzados por los guanches contra los castellanos,
siendo vencidos por tan singular jauría
de perros verdes (que no eran sino los grandes perros de aguas blancos pintados
de verde, con tintes naturales, por los guanches y que causaron un pánico en
las tropas recién avecindadas a la isla... Este color verde lo consiguieron
entintando a los perros de lana blancos con el jugo de la sabia del árbol
sagrado Drago y de una planta que llamaban tajinaste o lengua de vaca y que
pertenece al género de echium. En Castilla la llamamos
"vivorera" Muchos perros
salvajes, ovejas, cabras y guanches murieron debido al envenenamiento
sistemático, de los escasos pozos de
agua dulce.
En la
Península, los perros de aguas,
vivieron mucho tiempo en zonas
pantanosas, lagunas y marismas. El mito del perro "can cerbero" podríamos decir que nació en las Canarias, ya
que eran, para los guanches, custodios
del más allá y vivían en las cuevas volcánicas, que ellos identificaban con el
mundo oculto y de ultratumba, siendo los perros los guardianes de las entradas
a estos mundos misteriosos. Este perro suele tener las dos orejas de igual
color pero distinto al de la frente o faz; por lo que, al no vérse los ojos, en
la distancia se creó el mito del perro de las tres cabezas (dos orejas de un
color y la frente de distinto serían estas tres cabezas; ver a Greta que los griegos incorporaron a sus
mitologías. Los perros canarios o canes de ovejas y cabras eran valorados ya en
la antigüedad y se exportan como un bien.
Los guanches veían a
estos perros como se peleaban entre sí, y como se atacaban y los que eran
vencidos se quedaban panza arriba. De la
observación de como peleaban los perros y de sus reglas en sus peleas, sin
hacerse daño se desarrolló la lucha canaria que pervive hoy en día (zoomímesis)
Los canarios honraban así a su dios Iruene. Vean como pelean dos perros de agua
jugando y lo comprenderán. Más
adelante, los guanches consiguieron domesticar algunos perros medianos y
grandes y los entrenaron para cuidar los rebaños de ovejas y cabras. Los
portugueses y los castellanos en sus enfrentamientos con los aborígenes
canarios tuvieron que hacer frente a estos perros, fieles hasta la muerte, y
que atacaban en defensa de sus dueños. Los incursionistas ante el temor a ser mordidos, llevaron jaurías de perros de presa, ya que estos
habitantes combatían a semejanza de sus hermanos los íberos: iban al combate
con sus perros pastores y se enterraban con ellos, cuando morían en singular
lid.
Los españoles del
siglo XV usaban perros guerreros vestidos con protecciones acolchadas. Estos
perros de presas traídos dieron origen a los conocida raza de fila o presa
canario; lo mismo ocurrió, en Brasil, donde nació el fila brasileiro. También en las islas había, como queda dicho,
perros de agua de tamaño mediano, y al igual que los de la Península su tamaño
mediano se debía a la escasez de alimentos en las islas más pequeñas y al ser
su comida preferida los conejos isleños.
Al perecer en las guerras de conquista sus amos y quedarse
sin dueños, algunos de estos grandes y medianos perros se asilvestraron, siendo
perseguidos y cazados por estos perros foráneos y por el hombre, en especial,
porque el culto a ellos y las ofrendas alimenticias a los salvajes y a estos
perros cimarrones dejó de hacerse. En esta persecución de perros salvajes y los
que quedaron sin dueños quedó extinguido el Gran Perro de Ovejas de
Canarias. Los portugués y castellanos se
trajeron algunos perros cachorros, medianos, de vuelta a la Península, y fueron
empleados como perros marineros, principalmente por Portugal (Câo de agua) y como perros pastores en Castilla, y
marineros en Andalucía y Norte de España. Estos perros traídos a la Península
se mezclaron con otros perros de aguas
que había aquí. Los perros ya vivían junto con los íberos, quienes apreciaban a
estos perros como talismanes, ya que por su pelo en forma de lana y su nobleza,
era respetado como regalo de los dioses quienes lo habían creado con objeto de
cuidar el ganado lanar y caprino, de su alma y del poblado... vencidos los
íberos, los romanos no dejaron proliferar esta raza sublime.
Ya que se pasó de una
ganadería tribal y local a otra extensiva, tipo Mesta, y trashumante, que
convergía en Roma y que reclamó otro tipo de perros que cuidará el ganado de
día y de noche fuera de poblado y apriscos. Se sabe que los pueblos antiguos a
sus perros con lana los esquilaban como ovejas, y no es descabellado pensar que
con esa lana sus amos se hicieran mantos que utilizaban en rituales. También,
el corte de pelo era un ritual para los íberos como señal de duelo, y no es
extraño, por tanto, que ese manto, hecho con la lana del perro, tuviera un alto
contenido simbólico. Es difícil encontrar restos de perros porque los íberos
incineraban a sus muertos junto con sus perros.
Cuando llegaron los primeros conquistadores a Lanzarote, en
julio de 1402, comprobaron extrañados que los guanches hablaban un
dialecto vasco (el vasco no es otra cosa
que el íbero), por lo que los monarcas castellanos, por tal motivo, decidieron
que los primeros Obispos canarios fueron de las vascongadas. Compruebe: en
guanche perro se dice "Kan" y oveja o cabra se dice "Ara"
(KAN-ARA). Los guanches a estos perros los llamaban "Perro oveja" o
Kan-ara, y el sistema de cuidar el ganado era el mismo que tenían los iberos y
que luego se exportó a Argentina, tal y como Darwin, nos relató que vio en el
siglo XIX. Al llegar allí vieron al perro de aguas (pastor de ovejas) de la Península pero enorme; por lo que a los
habitantes de las islas afortunadas los bautizaron ya los romanos como canarios (Plinio, siglo I) y los castellanos
rebautizaron al archipiélago como el de las ISLAS DEL -GRAN-
KANARA/Kanahari(a), o sea las islas del GRAN PERRO OVEJA. En una ordenanza del
año 1516, dada en San Cristóbal de la Laguna, de Tenerife se lee: "Otrosí, porque hay en
esta isla dos perros que matan perros salvajes, porque queden perros para matar
los salvajes, se permite que estos dos perros queden, por ser amaestrados, como
se ha visto por experiencia en Adexe y Abona, donde los tiene Pedro de Lugo,
regidor, siempre que no vengan a poblado". Tal y como se lee el bando,
probablemente, estos dos perros fueron los dos últimos Grandes perros de Ovejas
canarios, machos, amaestrados, y que murieron sin descendencia de su raza y,
difícilmente, se referiría a sendos perros traídos de la Península, que irían
con collar de pinchos punzantes y con cueros blindando su piel, cual
caballerías medievales y a los que los castellanos apreciarían por su validez
en la lucha.
Ya
desde el año 1499 hasta el siglo XVII el Cabildo tinerfeño dio distintas
ordenanzas regulando los perros pastores y mandando la eliminación de los
perros salvajes o cimarrones, por el daño que hacían al ganado.
¡Cómo pudo salvarse
el gran perro de ovejas o cabras, el Gran Kanara!
Como consecuencia de
tal medida contra los perros salvajes,
sumado al mestizaje de los perros dominantes foráneos, hacen que el Gran Perro
de Aguas, el antiguo dios Iruene, desaparezca para siempre. En el libro "Noticias
de la Historia general de las Islas de Canaria", de Joseph de Viera y
Clavijo, escrito en Madrid, en la imprenta de Blas Román, y publicado en el año
de 1776, reconoce la presencia común de perros de aguas en las Islas. Algunos de estos perros de aguas de Canarias
y la Península viajaron a América y fueron utilizados como perros pastores al
estilo íbero y guanche (Ver relato de
Darwin); más tarde cuando empezaron a importarse perros ingles (Collie,
principalmente), pastores belgas y ovejeros alemanes, a Latinoamérica empezó el
declive de los perros de aguas que había en Argentina, y su incidencia, hizo
que desaparecieran de allí.
Los fenicios, pueblos comerciantes, llegaron a España, a la
que llamaron "TIERRA DE CONEJOS", por la abundancia ingente de estos
roedores orejudos; pues bien, la alimentación básica del perro de agua era el conejo. Para la caza de liebres
los íberos y celtíberos utilizaban el galgo español, pero en terrenos
montañosos y matorrales, donde la efectividad del galgo era menor, y en
terrenos acuosos se implantó la caza con el perro de aguas.
El perro de aguas sigue el rastro de un conejo, hoy en día,
sin desfallecer y sin importarle que haya matorrales o dificultades del
terreno. De la caza zizzaceante del conejo son los requiebros, cambios de
dirección, saltos, manotazos, paradas en seco, amagos de mordiscos en el
cuello, giros en el aire, y toda la agilidad que demuestra este perro, en especial
su manera de trotar. Obsérvese la manera de correr que ha imitado de los
siglos, incluso miles de años, en que se dedicó a la caza del conejo. Corre con
pequeños trotes, batiendo las dos patas traseras, al unísono, y suelen pegar
manotazos en las peleas, hace amagos de morder la corvas, que la madre suele enseñar a sus cachorros:
lo que le está enseñando es como derivar a un conejo a la carrera, también
tales tácticas las hacen los machos o las hembras cuando juegan.
Los íberos y los celtíberos solían esquilarlos para quitarles las pulgas y garrapatas. Este
perro al disminuir su alimentación natural, el conejo, estuvo a punto de
desaparecer.
Todos los pueblos
prerromanos, amaban y adoraban a los
perros, como animales sagrados, como los Vacceos, pueblo ganadero y pastor que
apacentaba con tres tamaños de perros relacionados con tres tipos de pastoreo.
Por otro lado, los pueblos celtas de España criaban perros
(entre ellos el de agua, que mezclaron o no con otras razas, y nacieron así
nuevos especimenes caninos) y los solían cambiar por vino y objetos lujosos;
esta tradición la han seguido los pueblos germánicos, anglosajones y franceses,
de su herencia celta. Cuando irrumpieron los celtas, en España, trajeron unos
perros más novedosos en la evolución canina, estos eran perros macrocéfalos, molosos, tipo mastín.
Los pueblos del norte
de España tenían extracción celta, celtibera e íbera. Las distintas tribus
hispánicas se denominaban según la riqueza o actividad/es agrícolas, ganaderas,
mineras, etc. que llevaran a cabo. Los celtas y celtiberos eran amaestradores y
criadores de todo tipo de perros, en particular el pueblo cántabro: ya que,
Cantabria, traduce Can (perro) Ta (bueno, muy buenos) Bri (colina de pastos) A
(altos, grandes, extensos) Esto es, Cantabria era la tierra de perros muy
buenos para colinas de pastos grandes o inmensos y elevados.
Los íberos y
celtíberos conocían las cualidades de estos perros para la caza y para la
pesca, y para correr por la montaña (al batir al unísono con las patas
traseras) Las orejas y la cara del perro suele ser bicolor, este es así porque
en la distancia un conejo u otra presa potencial, de noche, pensaría que lo que
ve son unos conejos reunidos, o algo pequeño y al no ver los ojos brillar, el
acercamiento es progresivo al roedor: vean como se arrastra con las patas
traseras echadas para atrás y las manos delanteras estiradas (simple adaptación
al medio)
La relación con los
conejos es tal que muchos de los parásitos que tienen los conejos los tienen
también los perros, al haber sido la dieta durante milenios éstos se adaptaron
como inquilinos nuevos del estómago del can depredador. Los íberos, solían
cortar al perro al igual que a las ovejas la cola porque así no se lastimaban
entre ellos o en sus peleas con alimañas,
y, principalmente, porque cuando les
acompañaban al combate, la cola corta, al estilo de las ovejas, era lo
más defensivo y práctico, ya que solían saltar sobre las manos del enemigo, y
el rabo era fácilmente dañable; mientras
que su amo íbero, con la espada íbera o falcata hincaba la misma en el pecho
del contrario, gracias al auxilio de su can amigo. A algunos perros de aguas los castraban y dejaban vivir
desde cachorros recién nacidos con las ovejas, y a estos también les cortaban
el rabo, al igual que las ovejas, porque eran los líderes del rebaño.
De tantos siglos
cortándoles el rabo, empezaron a nacer perros rabicortos o sin rabo. Con mucha
certeza, el primer perro domesticado sería un perro de aguas, de ahí porque los
antiguos pueblos lo querían y respetaban, pero con las nuevas religiones y
poblaciones cambiantes y guerreras desapareció su gran estima hacia él.
El perro de aguas es
muy observador, y también le gusta nadar. Su amor por el agua nació cuando
imitando a los osos, se dedicaban a cazar y, en ocasiones, pescar. Por otro
lado, era en su origen un perro de pantanos y ciénagas, donde debía nadar para
alcanzar patos y aves pequeñas, así como otros animales acuáticos. Un perro de
aguas es capaz de nadar fácilmente, y bucear hasta tres metros y resistir bajo
el agua hasta dos minutos...
Los perros de agua,
gustan de estar en sitios altos, mirando el paisaje y dominando el terreno. De
sus cualidades como nadadores, los íberos cuando los domesticaron supieron
aprovecharse de ello. Tal es así, que cuando los romanos rodearon, por vez
primera, la ciudad celtíbera de Numancia, por las noches, unos perros de agua,
con pequeñas alforjas, pellejos u odres atados a su cuerpo, bajaban al río y
subían con ellos llenas del liquido elemento. Los romanos, entendieron, que
esto no podía seguir así y vallaron todo. De tal manera que los canes
numantinos no pudieron traer agua a sus dueños y murieron asaetados,
intentando, de mil maneras llegar al río: tal es la fidelidad de estos nobles
perros españoles.
A pesar de la ausencia de comida, los íberos no mataron
ninguno de sus perros y tampoco los comieron. De hecho, los adoraban y les
hacían estatuas y se enterraban con ellos o los enterraban en pequeñas
"cistas" solos. Cuando iban a combatir los antiguos iberos llevaban a
sus perros de agua con ellos, quienes les auxiliaban en el combate y caso de
morir ambos eran enterrados, si moría el perro también se le enterraba. La
fidelidad de ambos era hasta la muerte y el perro era entre la familia el más
bien preciado.
“En salir haréis
error, que acarrea cien mil yerros, porque dejáis sin los perros el ganado, y
sin señor “ (Cervantes, Numancia)
Los íberos melenudos
tenían perros iguales a ellos. Para los íberos los perros de agua eran regalos
de los dioses y generadores de la buena suerte, y cuando fallecían les ayudaban
en su tránsito al cielo, en que creían.
La costumbre de no comer perros nos la inculcaron nuestros antepasados íberos.
Los arqueólogos pueden y han encontrado restos de canidos en tumbas de íberos,
guanches y celtíberos, y se debería comprobar el ADN de estos perros con los
restos de canidos encontrados: LA SORPRESA SERÁ ENORME. No se entiende como no
hay estudios arqueozoológicos serios sobre los
cánidos domésticos, ciertamente los restos son poco numerosos pero es
chocante que los investigadores no muestren interés por el perro y su ingente
cantidad de datos que generaría su estudio.
Cando una legión romana de mercenarios cántabros, de
extracción celtibera, se licenció se les repartió como reconocimiento meritorio
por Roma de unos grandes lotes de terrenos en el Danubio, a los que llevaron
perros de aguas españoles como pastores para el cuidado de su hacienda y
ganado: estos perros dieron
origen a la raza del perro de aguas húngara
conocida como Puli.es muy probable que el Komondor también llegase en este
momento a Hungria y que realmente su antepasado sea el “Gran Kanara”. Es de
destacar que el pelo rizado tanto en el
hombre y en los perros de aguas se originó en climas cálidos y con
contrastes extremos de temperatura entre el día y la noche: esto es en el Sur
de Europa, que es España, Norte de África y Canarias.
Estos perros que
servían para cuidar y avisar de la llegada de extraños por la noche o de
día. Los vascos (como "íberos"
y otros pueblos de España entera) acogieron a estos simpáticos perritos y los
llamaban "Txo" (que traduce grumete, muchacho o recadero) y los
llevaban en los barcos. Estos perros se subían en lo más alto de la barcaza o
pinazas y desde allí oteaban, en especial, al atardecer, el horizonte y
señalaban, no se sabe porqué misterio,
donde estaban los bancos de peces, principalmente sardinas (quizás por
el reflejo de las escamas)
El detectar peces lo
habían aprendido de los salmones y peces de río, pantanos y ciénagas donde
habían cazado durante milenios, ayudados por su gran agudeza visual de su caza
nocturna. Estos perros eran tan eficientes, que el perro y no su dueño,
recibían un quiñón o parte de reparto de la captura pesquera. También se
tiraban al agua para recoger cosas que se caían. Más de un marinero debe la
vida a estos perros ya que cuando caían al mar, avisaban a la tripulación y a
continuación se tiraba hacia el marinero, con intención de ayudarle y darles
ánimo..., en ocasiones, le llevaba una cuerda asida entre los dientes para que
la cogiera el marinero. Esta misma acción de llevar la maroma la solían hacer
cuando el atraque. También, llevaban mensajes de barco a barco. Cuidaban las
redes y las barcas o botes amarrados..
Muchos de ellos, solían avisar, puerta a puerta, a la
tripulación con ladridos cuando veían que se iba a la mar: su valía era de
todos reconocida, son varios los relatos de viva voz que he escuchado de perros
de agua que hacían la compra en las abacerías, llevaban la marmita en la boca,
y otros recados... La inteligencia de estos perros está fuera de toda duda...
los dueños de perros de agua españoles saben muy bien esto y todos ellos le
dirán que reconocen el estado anímico que tiene en todo momento su amo. Y con
los otros perros suelen llevarse muy bien. Si moría su amo, estos perros
aullaban ululando desconsoladamente, por la noche, de ahí la creencia en que
con su lamento ayudaban en el tránsito de su amo al paraíso.
Este perro a causa de la enfermedades continúas que
provocaron la desaparición de los
ingentes conejos; del surgimiento de vagonetas a tracción mecánica, en las
explotaciones mineras (eran útiles para arrastrar vagonetas en la oscuridad,
por su adaptación a cazar de noche o al atardecer y por su tremenda fortaleza y
longevidad); de los modernos radares y otras tecnologías en los barcos de
enorme calado, de su mala prensa por ser el bien más preciado en los idolatras
íberos y parte de su culto y de las invasiones foráneas (de pueblos y sus
perros) consecutivas... estuvo a punto
de desaparecer... pero, por suerte, quedó
un núcleo importante de ellos en el Sur de Andalucía (Cádiz y Málaga) y
Extremadura como perros pastores y marineros y en el norte de España, como
perros de la mar... el tamaño mediano actual ha sido consecuencia de una
selección racional, no sin razón los pastores dicen: un perro grande se come un
pan entero...; por lo que, en los
últimos años seleccionaron los perros más bien medianos... ante la ausencia de
animales peligrosos para el ganado lanar de Andalucía y Extremadura.
Por otro lado, la nobleza Europea no dejaba al pueblo llano
tener perros grandes y era distintivo de nobleza en los perros no cortarles el
rabo, mientras que los perros del pueblo bajo debían de llevarlo cortado. Y,
también, como es sabido de toda camada a
los pocos días se sabe cuál es el más pequeño en un futuro. Esta selección
humana se manifiesta en que los del Sur (pastores) suelen ser menos alargados
de tamaño que los del Norte de España (marineros) y también ha contribuido a su disminución de
tamaño la creencia popular que el perro primero en nacer es el más fuerte,
matando al resto de la camada (tradición pastora) lo que va contra el sentido
de la naturaleza que suele hacer que nazcan de distintos tamaños en la misma
camada o lechigada, por lo que una selección tan temprana es
contraproducente...
Esta selección humana según los trabajos y el clima se
manifiesta en dos subtipos: marineros( marismas andaluzas y cornisa cantábrica)
y serranía andaluza (perros de cabreros y rebaños); por lo que, estos dos
subtipos deberían de conservarse, y se debería impedir la primacía de un
subtipo sobre otro, lo que llevaría a desaparecer lo que el tiempo conformó y
el devenir del tiempo nos legó. Por razones políticas el tipo marismeño y
cantábrico no se reconocerá a mi entender como el mismo ecotipo.
Según mis
estimaciones y estudios el perro de aguas español vino a Cantabria hace la
friolera fecha de 8.000 años, acompañando a los primeros mesteros/ganaderos
desde Extremadura-Andalucía-Sierra da Estela (Portugal). Esta primitiva Mesta
no hacía sino seguir los caminos abiertos por el ganado salvaje que, miles y
miles de años, hacían dicho periplo desde el Sur al Norte de España, buscando
los pastos verdes de la primavera. Cuando empezaba el frío/invierno volvían a
bajar de nuevo y así hasta el año siguiente... Los pueblos de origen ibérico y
antecesores hicieron este viaje, primeramente siguiendo a estas voluminosas
despensas salvajes andantes y posteriormente hacia el VIII Milenio A.C., con
ganado ya domesticado, que iba acompañado por perros de aguas. Antes de esa
fecha, los perros de aguas y los hombres subían siguiendo al ganado salvaje por
separado, encontrándose continuamente durante todo el camino... lo que dio pie
a que se hicieran cada vez más "amigos".
El primer perro pastor domesticado es el Perro de lanas o
perro de aguas español, que se servía de su parecido a una oveja salvaje para
acercarse a la misma y capturarla... De capturarla se pasó a retener y conducir el ganado, que subía ya
acompañado del hombre y los perros. Este ganado retenido tuvo crías que en
generaciones posteriores quedó como ganado ya domesticado. Así pues el pastoreo
nació en Andalucía y Sur de España, y no en el Oriente próximo, como nos
quieren hacer creer, y a ello contribuyo la estimable ayuda del perro de aguas
español.
Luego los pueblos
romanos, visigodos, reinos cristianos continuaron esta tradición milenaria, y
que actualmente conocemos como la Mesta, que utilizó estas sendas o Cañadas
Reales para animales domésticos pero que
fueron hechas por animales salvajes.
En los libros de
Historia se dice que Cantabria significa "Hombres de la Montaña" Esto
es completamente falso. Los pueblos de entonces se llamaban unos a otros por
las actividades y trabajos que venían a hacer. Pues bien, según mis estudios
Cantabria significa, en golpes de voz lo siguiente, como dije anteriormente:
CAN (perro) TA
(bueno/s) BRI (pastos de montañas, colinas) A(Enormes, aumentativo femenino
céltico, véase que esto ocurre en el gallego actual); por lo que Cántabros o Cantabr(i)os significa
OS(vosotros) Bri (pastos verdes con
colinas) TA (bueno) y CAN (perro).
CANTABRIA es la tierra con perro bueno para
pastos en colinas muy altas
Las palabras señalan
la verdad de esto. El sonido castellano es fonético o sea las palabras proceden
de golpes de voz; cada una de estas sílabas tonantes (en el lenguaje de
entonces) señalaba una idea. Así encontramos que hay palabras de raíz muy antigua,
en el castellano actual, que avala estas afirmaciones.
Los perros actuales
con sus usos son herencia del pasado. Pues bien, ¿cuáles eran estos perros tan
buenos en Cantabria para el ganado en la alta montaña? Pues indagando he
llegado a la siguiente prueba: No ha mucho, cerca de Potes (Cantabria) un
matrimonio estaba invitado en una casa de montaña o choza. Estando cenando,
hacia las doce de la noche. Oyeron, que algo arañaba la puerta. El matrimonio
se sobresaltó. El dueño de la choza o caseto abrió la puerta y dejó pasar a un
MASTÍN, el cual recibió una comida que tenía preparada. Una vez que hubo
comido, se marchó. Este matrimonio preguntó ¿De quién es el perro? y el dueño
dijo: No es de nadie, es de todo el pueblo, él va toda una semana a la casa de
uno de nosotros y cada semana le alimentamos uno de nosotros (ganaderos de alta
montaña) Esta tradición del perro común es algo del acervo de los Montes de
Europa que ha quedado como reliquia de la importancia para los habitantes de
esas tierras y habla por sí de la importancia que daban esas aldeas perdidas en
alta montaña a los canes trabajadores:
el perro tan bueno para la alta montaña, no es otro que el actual MASTÍN (Leonés) que fue traído por los celtas
a España.
Celta significa "CEL" (cerramiento, círculo,
cerrado) + "Ta" (buenos); es decir, los celtas eran el pueblo que
hacía cercados muy buenos (véanse los poblados o castros que dejaron). Que el
sonido CEL significa lo que antes escribí se comprueba en palabras como Celada,
Celosía, Cárcel , Celda, Célula, entre otras. Posteriormente, con los romanos
y, antes con los celtas estos perros mastines, bajaron hacia Extremadura y
dieron las razas Cão da Serra da Estrela, Cão de Castro Laboreiro, Rafeiro do
Alentejo y el Mastín extremeño.
Por otro lado, y siguiendo
con el pasado lejano, vemos que los
griegos en su mitología hablaron de unas "ovejas comedoras de
hombres" Esta era la definición que utilizaban los helénicos para
referirse al Gran Perro de aguas, el Dios Iruene de las Canarias.
En Canarias existía
el Canis aquaticus minor or Lesser Water Dog, que es el perro de aguas español
actual. Y con el canis aquaticus había
un perro más pequeño con nariz, borde de ojos y almohadillas color rosa; estos perros de aguas más pequeños y rosáceos eran los bichones tinerfeños que los guanches criaban para ser comidos en
celebraciones importantes y G. Buffon se
referirá a esta raza como Canis parvus
melitans or Little Maltese Dog; más tarde estos perritos bichones, tan
graciosos y cariñosos, fueron luego muy
cotizados por los marineros griegos,
romanos, fenicios y demás pueblos que visitaron las islas (tales como portugueses, turcos, españoles,
italianos, etc.) quienes se los llevaban, siglo tras siglo, como recuerdos... Y
por supuesto, en el archipiélago vivía
el dios IRUENE o Gran perro de Aguas o Canis aquaticus major or Great
Water Dog (Grand Barbet). En suma, en Canarias había tres tamaños de perros de
aguas.
De estos Bichones
tinerfeños son los descendientes de las razas Bichón Habanero, Coton de Tuléar
(Madagascar), Bichón Boloñés, Bichón Frise, Bichón Habanero, Bichón Maltés...
que se obtuvieron por distintas mezclas genéticas y por el devenir del
tiempo...
Lo característico de
los perros de aguas originarios de Canarias y como rasgo de su antigüedad
dentro de la isla, tanto en los Bichones como en el perro de aguas, es el color
rosa en la piel o en la nariz, a veces con despigmentaciones... En la península los perros de aguas que había
no tenían ese rosa característico insular.
¿Por qué el color
rosa en los perros de Canarias?
Sencillamente, porque Canarias son una islas volcánicas y estos perros
que habitan las mismas solían introducirse en cuevas, vivir y vagar por las
mismas, y tragaban o exhalaban grandes cantidades de gases, en especial, el
Monóxido de Carbono; asimismo, el agua que bebían tenía grandes sustancias
químicas en suspensión lo que dio perros
con la piel de un singular color "rojo cereza", o "rosa"
En suma, según mi parecer, el perro de aguas que actualmente
vemos con la nariz o piel rosa procedería de Canarias mientras que los perros
de aguas, de nariz negra y piel según el estándar son los originarios de las zonas marismeñas y
costeras del Norte de África y Sur de la Península Ibérica.
Otra teoría, falsa a
mi entender es llamar al Perro de aguas como Turco Ándaluz. Dando a entender
que este perro vino con los árabes (para quién los perros son animales impuros)
Pues bien, no deberíamos hablar del Perro Turco sino del temible Perro Urco
(así denominaban en Galicia y en España al Gran perro de aguas del que habló
Buffon) con el tiempo el miedo a estos
perros Urcos, que salían del mar de noche, dio paso al miedo en España a los
Turcos... cuando esquilmaban las costas españolas (siglo XVII) aprovechando las
noches oscuras para desembarcar y asolar.
Estos otomanos se llevaron además de niños/as, mujeres, como
esclavos... algunos ejemplares de nuestros graciosos perros lanudos; ya que
habían observado la gran valía que hacían de los mismos la marinería española y
portuguesa.
El nombre de perro
Turco también se puede deber a que los antiguos cuando veían a este perro dormir
boca arriba o enroscado,
les recuerda una cama baja, mullida y acolchada, que en la Mancha y resto de España, desde
siempre se ha llamado cama turca.
Por suerte tenemos
una representación de un animal que quién sabe si convivió con el perro Urco, la BICHA DE BAZALOTE. El término
Bichón fue adoptado en el Renacimiento en Francia y es una contracción de
barbillons, que significa perro barbudo o pequeño Barbet. Como ese animal tiene
cuerpo de vaca y cabeza barbuda, los arqueólogos la han llamado BICHA (por la
barba grande que tiene)
Fuente:Texto realizado por José María Martínez Martínez .1999-2003
Durante siglos se confundió al perro de aguas español con un descendiente suyo parecido, el
caniche, debido a que una princesa española,
Leonor de Austria, reina de Portugal, hija de Felipe el Hermoso y Juana
la Loca, reina de Castilla se casó con el monarca Francés Francisco I (1494 -
1547) y llevó a París la moda entre los
nobles para divertirse, cuando celebraban fiestas al aire libre, de arrojar a
estos simpáticos perros españoles emigrantes distintas cosas a los estanques,
ríos o fuentes dónde celebran los ágapes. De la descendencia de estos perros, y
por el cambio climático, en especial el
frío y las mezclas con algunos perros galos, que según estudiosos serían
podencos, surgió un perro de pelo más
liso; que hoy conocemos como el adorable Caniche.
El gran perro de
aguas fue un regalo de los dioses o de
Dios, como bien se quiera decir. Su tamaño era tan grande como un caballo y los
últimos ejemplares quedaron reducidos a las hespéricas Islas de las Gran Canarias, donde los guanches nos hablan de un
perro oveja llamado IRUENE, que traduce *Oveja /Iru - *Perro/Ene, al que hacían
ofrendas de ovejas, cabras y miel...
En la Península
ibérica, el gran perro de aguas habitó toda la misma; pero infundió tan gran
temor a los antiguos pobladores de Hispania, que acabaron con él. Para ello, se
sirvieron de la planta conocida por Adelfa; ya que basta una poca cantidad de
esta planta en el agua o en la comida para provocar el decaimiento y/o la
muerte de este canido gigante, padre de todos los perros de aguas. El temor
ancestral a tales perros gigantes quedó en el subconsciente de todos los españoles,
quienes procuran tener, sin saber el motivo, hoy en día, la planta de la Adelfa
en sus jardines...
La presencia del Gran
Perro de Aguas ha quedado reflejada en Galicia en la mitología del perro
"URCO", que se bañaba en el mar y causaba tremendo pánico.
Curiosamente, los guanches contaban los mismo del perro Iruene o Tibisana: lo que evidencia que
la presencia de canidos gigantes y nadadores. que eran temidos tanto en la
Península como en las siete islas afortunadas. El perro URCO así como el perro
IRUENE, actualmente están extintos, pero quedan ejemplares de menor tamaño los
cuales son el actual perro de agua español. El perro de aguas español es una copia reducida del Gran Perro de aguas,
teoría que, no sin gran razón, defiende
el naturalista Buffon... En el pueblo íbero de Ubrique (Cádiz) y aledaños, cual
aldea de Asterix, fue visitado por razones comerciales por los fenicios, y ha
subsistido, siglo a siglo, el perro de aguas español, como animal de compañía
de pastores, y no nos extrañemos de esto pues el pueblo íbero apreciaba a estos lanudos
animales y como uno más de la familia, generación a generación, subsiste como
aliado primero del pastor y más tarde del marinero...
En Cataluña, queda la
reminiscencia del Gran perro de aguas en la leyenda del Gos Nonell de la Neu,
(perro Nonell de las nieves) que solía aparecer cubierto de pelo espeso y
blanco, en lo alto de la montaña y cerca
de las nieves, al igual que hiciera el perro Iruene, en la Isla Tenerife, el
cual vivía en las laderas del Teide. Los arqueólogos no han encontrado restos
fósiles, pero no hay que desesperar, quizás, pronto se hallen pruebas que
demuestren esto.
En los siglos XVI y
XVII las traineras cantábricas del País Vasco y, con certeza, las de las villas
marineras de Cantabria, no sin razón la frontera de los cántabros, estaba marcada por los ríos Sella
(actualmente perteneciente a Asturias) hasta el margen derecho del Nervión (Bilbao),
y cómo me dijo mi buen amigo Alfonso Martín Casas (vasco de Zumaya) en el Valle
de Villaverde (antes Villaverde de Trucíos), tenían asentado los cántabros, lo
que era el cuerpo de caballería, desde dónde partían ante la necesidad de
defensa. Pues bien, estos marineros
norteños llegaron a los ricos bancos de pesca de Terranova, en busca de la
ballena y del bacalao y en menor medida de atún, besugo, sardina, congrio,
jibia,... Los barcos eran carabelas o galeones, que llevaban cargadas pequeñas
pinazas. Salían en primavera y regresaban hacia el otoño, repletas de abundante
pesca. Pues en estos barcos, que duda cabe iban los simpáticos perros de aguas.
Algunas pinazas, calaveras y galeones, quedaron hundidos o atrapados por hielos
y tormentas, en ocasiones, y entonces los perros de lanas o de aguas,
alcanzaron la costa, mezclándose con el gran perro oso negro, y del resultado
nació, a mi entender, el perro que hoy conocemos como Terranova... Así que el
perro de aguas, ha contribuido, con mucha certeza, a crear otra raza tan
inteligente, nadadora y cariñosa: LOS TERRANOVAS. Que el perro de aguas, ha
contribuido, con mucha certeza, a crear otra raza tan inteligente, nadado Felipe II mandó la Gran Armada Invencible
contra Inglaterra, y en los buques de guerra se dispuso que fueran perros de
aguas, los cuáles era de un tamaño mayor al de los actuales. Al sucumbir varias
naves, y otras que consiguieron recalar
en tierra, algunos perros de aguas que viajaban como auxiliares de
marinería, náufragos y abandonados,
alcanzaron las costas de Irlanda y Escocia, y una vez en tierra a salvo, se
mezclaron con setters lo que dio origen al perro de aguas irlandés y a los
perros que venimos conociendo como spaniels.
El perro de aguas
marinero, solía ser más alto que el perro de aguas pastor, y desde lo
alto de las pinazas o barquichuelas, no
sólo descubría (quizás por la nariz ) los bancos de presa, sino que como solía
comer pescado, incrementaba su sensibilidad ( por el fósforo) a los distintos
fenómenos atmosféricos y los marineros viendo la intranquilidad y agitación del
perro, y otros síntomas, conocían que había detectado la llegada antes de
tiempo de tormentas, o de bruscos cambios de temperatura, por lo que regresaban
a puerto antes de que les alcanzara la galerna o no salían a pescar, ya que el
perro era el que iba casa por casa recogiendo a los pescadores para embarcarse.
Y no sólo intuían o predecían las tormentas, sino que en alta mar estos perros
de lanas, no perdían jamás la
orientación de la costa, aunque no se divisase, por ser de noche, por haber un temporal que quitara la
visibilidad o por encontrarse muy alejada de ella. Así que no sólo era un despertador, ladrando en
las puertas para que saliera el marinero sino que como dijimos anteriormente,
si veían que el mismo no iba alegre por partir a la mar, o si estando en el
agua percibían cambios en su carácter, tales como no otear el horizonte, falta
de alegría, rabo bajado, etc., los pescadores precavidos solían regresar al
puerto. Por tanto el perro de aguas
cumplía una función de "perro/hombre del tiempo", desgraciadamente
cuando no se le hacía caso, por la avaricia humana, de no regresar o de salir
se produjeron naufragios de barcos, y el perro regresaba a la costa, maltrecho
y una vez en ella aullaba y gemía desconsoladamente la perdida de sus amigos a
los que tanto quería.
El origen
extraordinario de los Perros Gigantes Lanudos queda patente en el granjero Nelson, que vivió en Mountain
View, Missouri. Este singular personaje
relató que, en julio de 1.956, tres
enormes objeto voladores gravitaban encima de su cabaña. Con una una linterna
hizo señales y uno de los gigantescos platillos, le envió un rayo que le
acertó de lleno.. Como consecuencia de
dicha energía recibida sus achaques y enfermedades desaparecieron... Los platillos se fueron pero volvieron en
otras ocasiones a su encuentro. Este "contactado" afirmó que un día aterrizó un platillo y salieron tres
tripulantes acompañados por un "perro gigante". Uno de los individuos
resultó ser Bucky, un pariente de Nelson que había fallecido*... Junto a su pariente los otros dos se
identificaron como habitantes de Venus, y uno de ellos dijo tener más de 200
años de vida.. "Little Bucky" había regresado, para solicitarle algo
extraño: cuidar de un gigantesco can
inmensamente lanudo llamado Big Bo, que pesaba unos 180 kilogramos. Buck
accedió gustoso a ello.
En la otra página puedes leer referencias literarias del
siglo XIX y principios del XX de novelistas tan famosos como Galdós, Unamuno,
Baroja, etc. y algunas conclusiones que he extraído son:
1.- Nadie puede decir
que descubrió la raza.
2.- Nadie se puede considerar "`padre" de la
misma.
3.- Los portugueses hábiles aprendices de ingleses (quienes
les han tutelado), o como los alemanes y franceses corrieron en los años 60 a
registrar la raza. Sobre este particular puedes visitar mi opinión de tres
tamaños de perros de aguas y dos "ecotipos" en toda la península
ibérica, así como dos tipos de pelo: acaracolado y rizado. Los marineros
portugueses eligieron el color negro y los españoles tuvieron predilección por
el blanco, y esto es así, porque en alta mar, al divisarse el color del pequeño
grumete, todos conocían a simple vista la nacionalidad del barco.
4.- La mayor parte de
los autores (muy famosos) que escriben sobre el perro de aguas debieron de
hacerlo conforme a lo que veían y a la definición que de perro de aguas como
casta o raza que se cree de España recogen los distintos diccionarios que ha
habido desde el siglo XVIII en España. Diccionarios que afirman que el perro de
aguas es una raza o casta que se cree originaria de España (Península)
5.- Casi todos los
escritores son del norte de España: País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia.
Paradójicamente, en 1985, cuando el registro inicial de la raza, sólo bajaron
cinco ejemplares de Cantabria (esto es contradictorio).
6.- Reconocen los
escritores por comparaciones el tamaño de perro de aguas grande y pequeño.
Hablan del romanticismo que genera este perro, que no es más que el
subconsciente colectivo español que adora este perro, el primero que se
domestico y que forma parte de su culto.
7.- José María
Pereda, reconoce que también había y hay el color negro en perros de Cantabria.
Dándose con frecuencia la combinación de negro y blanco, formando botines y
corbata.
8.- Ya los escritores han detectado la singularidad
singularidad de que el color del manto influye en el de los ojos.
9.- En el siglo
XVIII lo españoles utilizaban el término
"perro de agua" para referirse
a una foca pequeña, que es la que
conocemos como foca fraile, que se asemejaba mucho al castor, pero utilizaban
siempre el término "perro de aguas" para referirse a nuestro amigo
lanudo.
10.- No he encontrado
ninguna referencia literaria a "perro turco", salvo una que reconoce
que con el término "perro turco" se conoce en España y en Europa a un
perro de compañía sin pelo. Por lo que cuando hablamos de -Perro turco-,
estamos refiriéndonos verdaderamente a "Perro Urco", que en la
mitología Gallega era un gran perro de aguas, que salía del mar (marismas) por
la noche causando gran espanto. Y esto es así por que el término UR en íbero y
vasco traduce Agua y el termino Co traduce animal. Por lo que URCO, es
"animal de agua" (el gran perro de aguas).






Interesante¡¡¡ Realmente parece la más real y por ahora de lo que he leído la que más datos históricos aporta. Gracias¡¡¡
ResponderEliminarGracias Antonio lo cierto es que hay que tenerla muy en cuenta¡¡¡
Eliminaresto tambien demuestra que el perro de aguas español y el perro de aguas del cantabrico son lo mismo y no hay que diferenciarlos como quieren algunos
ResponderEliminarSi lo cierto es que tienes tu parte de razón.
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