Las pulgas



 LAS PULGAS


La pulga puede provocar, por inoculación al picar, la transmisión de otros parásitos internos (gusanos) como el Dypilidium caninum. Así mismo, las pulgas son causantes de un grave problema: la DAPP, dermatitis alérgica por la picadura de pulga.


La DAPP es una reacción de hipersensibilidad mixta contra los componentes antigénicos de la saliva de la pulga. Es una afección cutánea que provoca en los perros, de forma general una dermatitis pruriginosa con formación de costras y escamas sobre el área lumbosacra (en la espalda) y miembros posteriores. Sobre la zona abdominal suelen existir pápulas (pequeñas lesiones de la piel). El propio animal, al rascarse, puede provocarse mayores daños, incluso alopecia. Es frecuente que aparezca seborrea secundaria. En casos graves se ven afectadas otras zonas del cuerpo (axilas, ingles, cuello, orejas).

Existen alrededor de 2.000 especies distintas de pulgas. La especie más común en perros es la Ctenocephalides felis, que también afecta a los gatos.


Las pulgas son parásitos que se alimentan exclusivamente de la sangre del huésped, en este caso, del perro. Al producirse la picadura es cuando el animal puede ser infectado con alguna enfermedad. Un perro es susceptible de contaminarse con pulgas bien porque haya estado en contacto con otro animal infectado, bien por el contacto con algún lugar donde haya estado algún animal con pulgas: suelo, mantas, alfombras, sofás, etc.

Las pulgas desarrollan una parte de su ciclo vital en el ambiente, donde se reproducen; y otra parte, sobre la piel del animal. Se alojan principalmente en las zonas del lomo, dorso, abdomen, y zonas perianales.


Sabremos que nuestro perro tiene pulgas haciendo una sencilla exploración de las zonas indicadas, buscando los parásitos en la piel entre el pelo. Signos de la infestación son el rascado, nerviosismo e inquietud del animal. Así mismo, podremos observar puntitos negros, que son las heces de las pulgas.

La época de mayor incidencia de las pulgas son los meses de primavera-verano ya que las condiciones climáticas favorecen su entorno vital. No obstante, la prevención contra estos parásitos ha de realizarse durante todo el año, puesto que otras circunstancias como los sistemas de calefacción, pueden también favorecer las condiciones óptimas de su desarrollo.

Como método preventivo, consulta con tu veterinario. Él te orientará sobre cuáles son los métodos más eficaces para evitar estos riesgos.

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